| «La carretera de macadán estaba abierta en cien lugares, con profundos baches. Una polvareda rojiza se levantaba al paso del coche. Subimos al Alto do Vieiro y se fue la niebla. Miré por le lado de la derecha y vi las parameras sin fin, el desiesto yermo que, por Outeiro de Égoas, transita a las brañas de los pastores que caen ya en Portugal. El pico que se divisaba lejos había de ser el Penagache».
Nota: cuento: «Ellos». |
Fragmento de «Arraianos»
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Bibliografía:
Méndez Ferrín, Xosé Luis (2012): Arraianos. Gijón: Hoja de lata.
Página:
137
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